El cerebro puede dividirse en dos grandes zonas, una parte superior y una parte inferior. Ambas zonas tienen localizaciones y funciones diferentes, pero al mismo tiempo son complementarias.
La parte inferior, se caracteriza por ser instintiva, automática e inconsciente y en ella habitan los impulsos, las necesidades y las emociones.
La parte superior, es la parte más evolucionada dónde habita el lenguaje, el cálculo matemático, la concentración, la toma de decisiones y la regulación emocional.
Cuando la zona cerebral inferior contiene muchas experiencias negativas y traumáticas, miedo, emociones intensas…va a dificultar o impedir que la parte superior ponga en marcha sus funciones de autorregulación. Si la persona tiene una adicción, es más probable que la parte inferior domine por completo a la parte superior.
En la parte superior hay una zona llamada corteza pre frontal, que es la zona del cerebro que más crece y se desarrolla después del nacimiento. Las zonas más necesitadas de recompensas que están ubicadas en la zona cerebral inferior maduran antes que la corteza pre frontal, lo cuál quiere decir que un bebé siente miedo, tristeza, dolor, placer aunque no tenga los mecanismos para tomar decisiones, regular sus emociones o frenar impulsos. Esto ocurre así porque el cerebro se desarrolla de abajo hacia arriba y de detrás hacia delante, tardando por lo tanto la parte pre frontal años en desarrollarse.
El cerebro que tenemos hoy en día es prácticamente el mismo que tenían nuestros antepasados por lo que no está preparado ni diseñado para tanta estimulación visual y auditiva como desprenden los teléfonos móviles o los videojuegos. La corteza pre frontal es muy sensible a la exposición de pantallas. Una sobre exposición a las mismas en los menores, puede llegar a infra desarrollar su corteza y hacer que se comporte de manera impulsiva y agresiva.
La dopamina es un neurotransmisor que encontramos en nuestro cerebro y se segrega cada vez que recibimos información o estímulos que no esperamos por cualquiera de nuestros sentidos. La rutina no segrega dopamina, pero lo inesperado sí. Las investigaciones nos demuestran que los dispositivos tecnológicos y sus aplicaciones están diseñadas para secuestrar nuestro cerebro, atraparlo e inundarlo de dopamina, teniendo esta sensación de bienestar segundos y minutos, para después volver al vacío y sentir el deseo nuevamente de mirar el móvil , una notificación, un like…
Las investigaciones también nos dicen que el cerebro de las personas con adicciones tecnológicas muestran diferencias con el cerebro de personas que no tienen esta adicción, ya que las personas que tienen una mayor predisposición a desarrollar adicciones tienen menores niveles o receptores de dopamina, por lo que sus cerebros les impulsan a conseguirla. De igual modo, las personas con adicción tienen una corteza pre frontal con menor actividad y con dificultades para el control de impulsos.
También es muy interesante referir la relación que existe entre la luz de los dispositivos tecnológicos, el cerebro y el descanso. A primera hora nuestro cerebro segrega cortisol, coincidiendo con el amanecer y éste nos ayuda a levantarnos y a activarnos. Cuando cae el sol, nuestro cerebro segrega melatonina que nos ayuda a disminuir la actividad y a descansar. La luz que emite el móvil cuando cae el sol hace que nuestro cerebro interprete que es de día y por lo tanto segregue cortisol lo cual va a retrasar nuestro descanso. Muchos estudios demuestran que el uso de pantallas antes de dormir altera el ciclo de sueño-vigilia.
La desregulación de este ciclo junto con el número excesivo de horas con las pantallas, provoca problemas importantes de concentración, fatiga, cefaleas… por ello se recomienda que en nuestras horas de descanso no haya dispositivos cerca de nosotros.
(Estas notas han sido extríadas del libro “ Adictos a las pantallas”, de Rafael Guerrero.)